LA VOCACI覰 TRANSFORMADORA Y DEMOCR罷ICA DEL CENTRO POL蚑ICO


La Vocación Transformadora y Democrática del Centro Político que hoy se expresa en el PRI, la Nueva línea conductora del PDC, amplios sectores de RN y el nuevo movimiento “Construye Sociedad”, se fundamenta en hechos cuyas manifiestas injusticias e inequidades exigen tales cambios. En Chile se pueden, a grandes rasgos, apreciar las áreas que habría que enfrentar y sus desafíos. Por principal parte están la educación, su excelencia y acceso universal ; la salud, su justicia y desprivatización para recuperarla como verdadero bien público; las regiones (sus provincias y comunas), su desarrollo integral y autónomo como fundamento para el desarrollo de todo Chile; los pequeños emprendedores, la clase trabajadora, profesional y todo lo que designamos comúnmente como los sectores medios, su dignidad y mejor calidad de vida garantizadas; los pueblos originarios, que constituyen verdaderas naciones, sus derechos territoriales y políticos, para que en un solo Estado Regional y multicultural alcancen su felicidad. En fin, nuestros viejos, adultos mayores que cada vez son más los que sufren el maltrato y total abandono.

El actual Gobierno, con la intuición que le permitió el triunfo en las urnas, ha entrado en alguna de las áreas antes señaladas, pero lo ha hecho erráticamente, quedándose en meros titulares, creyendo que con enarbolar los carteles de los movimientos sociales basta para producir los cambios. Se habla con frecuencia del corazón del programa y su majadera inmutabilidad y no se presta atención a la falla principal: el cerebro del programa presidencial.

En efecto, las reformas han sido enfrentadas con desprolijidad y confusión, no solo en su diseño sino que en su debate y desarrollo. Unos, los que se dicen más radicales, piensan que esto se debe a una suerte de renuncia de ideales y que se vuelve a la época de los consensos inmovilizadores y a la medida de lo posible. Estos, supuestos revolucionarios, deben atender a la historia de los grandes cambios y que son imposibles sin los grandes acuerdos. Tres ejemplos solo para ilustrar son: la Nacionalización del Cobre; la Reforma Agraria y la recuperación de nuestra democracia antecedida de un gran pacto conocido como “el Acuerdo Nacional”. Todos esos profundos cambios contaron con el respaldo de mayorías nacionales expresadas en la sociedad civil y en los partidos políticos desde derechas a izquierdas.

El trauma de la Concertación, a propósito de los cambios, fue que por una parte se dejó arrastrar por patentes hechos de corrupción y por otra se compró en extremo el modelo económico neoliberal. Los Consensos tuvieron esa falla, pero en ningún caso, podemos excluirlos porque son esenciales para las transformaciones, en pos de la justicia, que Chile demanda.

Entonces, una verdadera vocación democrática y transformadora no se expresa en eslogans radicales y aplanadoras de simples mayorías circunstanciales. Requiere de entereza con moderación. Como afirmaba Frei Montalva, se debe avanzar “sin prisa, pero sin pausa”.

Antes, las fuerzas políticas que recuperamos la democracia para Chile nos anquilosamos y caímos en la corrupción para administrar un modelo neoliberal a ultranza. Ahora, esperamos que exentos de corrupción, se pretenden simples mayorías para producir cambios. Sin embargo, tanto el proceso como el contenido, de las supuestas transformaciones, es defectuoso y débil. Pareciera que no se entendieran bien o no se estuviera de verdad comprometido con los cambios. Solo así pueden explicarse las erráticas actuaciones de los ministros y parlamentarios de la llamada “Nueva Mayoría” que por suerte ha tenido la actuación de una nueva línea política en la DC que responsablemente ha orientado el curso de las reformas.

Este reconocimiento a la DC, lo hacemos desde la trinchera del PRI un movimiento que fue fundado por el Ex DC Adolfo Zaldivar que planteó lo mismo que hace hoy la conducción DC, es decir, cuidar la identidad del Centro, no dejarse hegemonizar por La Izquierda y no por ello dejar de hacer las profundas correcciones al modelo económico neoliberal fundados en el social cristianismo y la economía social de mercado.

Lo dicho nos hace afirmar, hoy más que nunca, dado el proceso político por el que atraviesa la sociedad chilena, que se requiere de un Nuevo Centro Político. Por ello, hemos venido insistiendo, majadéramente, en la creación de una Federación de partidos políticos de Centro. Nos arriesgamos a profundizar aún más esta idea, procurando que tenga una expresión electoral para las próximas elecciones municipales. Desde está tribuna decimos, como otrora, “aun es tiempo” para construir una vanguardia que conduzca responsablemente, moderada y solidamente, las transformaciones económicas y políticas que hagan de nuestra democracia y nuestro País un lugar mucho mejor donde vivir.